February 13, 2009 admin 0Comment

(9 de mayo de 1990)

Por supuesto que estoy de acuerdo con las fórmulas políticas y sociales que han permitido recibir al sucesor de San Pedro, que es el Sumo Pontífice de la Iglesia católica.

También es evidente que la emoción y la espiritualidad del pueblo mexicano se han hecho manifiestas en el desbordamiento de aplaudir y reconocer al gran líder que Juan Pablo II representa. De eso no existe duda alguna.

Al que esto escribe no le impresiona la comercialización que se ha desarrollado sobre la visita del Papa, porque ésta es producto de la época en que vivimos, y no es culpa de la iglesia católica, que estoy seguro no desea tener publicidad en exceso.

Tampoco, y así lo creo, la visita del Sumo Pontífice es determinantemente política o tiene algo que ver en forma directa con cambios en las costumbres y en las leyes de nuestro país. Si así pensáramos, la belleza espiritual de su presencia se vería menguada por un proceso político circunstancial.

Lo que sí creemos, al margen de razonamientos o intereses convencionales, es que la figura del Papa es, sin lugar a dudas, una presencia política y pastoral, puesto que no se pueden dividir ambas cosas en las circunstancias actuales.

Es política, porque los señalamientos del Papa son profundos en cuanto a preocuparse por la filosofía social de la solidaridad que comparte con el régimen actual, y con la preocupación por los marginados que nada tienen y que aspiran no sólo a un deseo religioso, sino a una oportunidad material de ser algo más.

La visita es pastoral, porque, obviamente, el Papa no es un líder común que busca poder o presencia material, sino que su liderazgo es espiritual y busca evangelizar, convencer y preocuparnos a todos por los más altos valores del espíritu que están inmersos en el Evangelio y en el libro existencial que la Biblia presenta, y que el Papa no solamente predica, sino que también practica.

La visita del Papa es muy positiva para el país, al margen de cambios periódicos o de actitudes políticas, porque lo más importante es que muestra que nuestro pueblo tiene una mística religiosa del más allá, y ése es el antídoto contra el hedonismo de la sociedad actual.

El Papa estará en Monterrey, y eso es historia.