February 13, 2009 admin 0Comment

(19-Feb-1990)

 En la última reunión de la ANUIES, fue notoria la preocupación de los rectores por la estructura financiera de sus universidades. Este tema es complejo, requiere solución concertada y participación comunitaria, dada la importancia de la universidad como factor de desarrollo.

La falta de recursos obliga a emplear los pocos que existen en lugares estratégicos para asegurar que la inversión reditúe beneficios para los usuarios de la educación superior, pero principalmente para el país. Este dilema es notorio.

Una de las áreas más sensibles de la universidad es la académica, pues ésta representa el alma de la universidad misma, y su fortalecimiento repercutirá directamente en las funciones sustantivas de la universidad. Esta tesis es compartida por la mayoría de los universitarios y rectores del país.

Por la razón anterior, aplicar estímulos económicos en favor del mérito académico puede ser una solución valiosa que permita que los recursos premien al buen maestro y al buen investigador, para que así se genere una corriente favorable a la universidad y a sus profesores e investigadores, que sirva de imitación para los alumnos.

La creación de una mística de respeto al investigador y al profesor hará que los estudiantes y la sociedad respeten y quieran conservar estos representantes del conocimiento. En esa forma, la estructura administrativa será secundaria a la académica, y la imagen política tendrá que ser menos importante que aquélla que enseña y crea conocimientos.

Una sociedad que premia con méritos a sus académicos y una sociedad que reconoce a sus artistas y a sus científicos es una sociedad madura. Si a esto se le agrega reconocer a los desvalidos y preocuparse por ellos, respetar a los viejos y quererlos, entramos en una civilización humanista integral.

Como puede observarse, este programa de reconocer los méritos no es sólo algo trivial o superficial, ni tampoco es algo que beneficia a un grupo reducido de mexicanos. Se trata de una filosofía en una nación que requiere en su juventud encontrar su congruencia entre su identidad cultural y los valores de la nueva civilización que tendrá que resultar del encuentro mundial con la modernidad.

Colocar los valores en su justa dimensión es no sólo un compromiso moral, sino una necesidad para generar eficiencia y resultados individuales y sociales.