February 13, 2009 admin 0Comment

(22 de febrero de 1990)

En las últimas dos semanas hemos visitado diez universidades del país, y se ha podido constatar que la vitalidad de la universidad mexicana está presente. Es decir, hay optimismo sobre el futuro de esta importante institución.

La evaluación diagnóstica de las universidades está siendo efectuada por los propios universitarios, con responsabilidad histórica, y a pesar de que existen serios problemas en algunas de ellas, se percibe una claridad de objetivos y un reconocimiento a la importancia de evaluarse, presentar un plan de desarrollo viendo al siglo XXI, y, en función de este último, implementar soluciones para sus necesidades actuales y futuras.

La heterogeneidad de la universidad mexicana es un hecho real, pues ninguna universidad es igual a otra; no obstante, lo descrito en el Programa para la Modernización Educativa, producto de la consulta y de la síntesis gubernamental, parece estar bien reflejado en la opinión mayoritaria de rectores y autoridades universitarias de la nación. Existe concertación y consenso sobre los problemas y las soluciones.

Dialogar con universitarios en Sonora, Sinaloa y Baja California, es comprobar la unidad en la pluralidad con los universitarios de Campeche, Tabasco y Yucatán. Esto habla de una geografía que es coincidente con la identidad cultural y de un grupo intelectual que piensa distinto pero concuerda en las prioridades del país.

La problemática financiera parece ser apremiante, pero también coexiste con una mayor responsabilidad y con la conciencia de que la necesidad de participación de la comunidad y de los usuarios sea factor coadyuvante del subsidio gubernamental, que es fundamental. Es decir, hay conciencia de la necesidad de trabajar todos juntos por el mismo interés común.

La tesis de la evaluación como indispensable para conocer el estado actual de la universidad, es compartida por las instituciones de educación superior. Todas desean autoevaluarse y ninguna presenta problemas de interpretación respecto a llevar a cabo una evaluación institucional y del sistema nacional, para de esa manera integrar un plan de desarrollo real.

La universidad mexicana se está asomando a su propia historia con realismo y, sobre todo, con libertad y responsabilidad. Eso es estimulante…