February 13, 2009 admin 0Comment

(19 de enero de 1990)

El presidente de la República rindió un homenaje a los agentes de la Policía y del Ejército de nuestro país, caídos en la lucha contra el narcotráfico. Esto es un símbolo de respeto al gran esfuerzo realizado en ese tenor.

La respuesta nacional a un programa de televisión fue producto de la necesidad de que otros países aprendan a respetar los programas mexicanos que se esfuerzan por corregir “entuertos” originados por el mercado de demanda y en los cuales México se ha visto involucrado geográficamente, sin tener culpa alguna de esa situación.

 

Es imposible explicar cómo hay seres extraños que fomentan las divisiones entre las naciones, con excusas mayúsculas del narcotráfico, como sucedió con ese programa de televisión que, al amparo de la libertad de expresión, difundió un periodista norteamericano, apoyado en una mala telenovela que denigró a nuestro país.

 

Siempre he considerado que el consumo de drogas es consecuencia de la angustia existencial y de la soledad de una sociedad enferma. Esta aseveración se fundamenta en diferentes hechos tales como: el 30 por ciento de los norteamericanos que viven solos; el gran índice de divorcios y el abandono de la familia, que se lleva a cabo, tanto por los jóvenes que a los 16 años se alejan de su hogar, como por los ancianos, que en lugar de vivir en la casa de sus hijos, permanecen en asilos.

 

La angustia existencial emerge en una sociedad cuando los jóvenes no se quieren casar; los que se casan se divorcian y los que no se divorcian no desean tener hijos. Es decir, nadie quiere tener un compromiso real con una persona o con la sociedad.

 

Las “horas felices”, el alcoholismo, la dependencia de las drogas, la tremenda soledad de la liberación sexual y el SIDA, nos muestran ejemplos de enfermedades que deben ser estudiadas sociológicamente y no combatidas con publicidad que afecte la dignidad de las naciones hermanas.

 

En el núcleo de todo este océano de contrasentidos políticos, sociales y educativos, está la desaparición de la familia, que parece ser más frecuente en el norte que en los países del centro o del cono sur.

 

Favorablemente, en México todavía tenemos un núcleo familiar respetado y respetable, y a pesar de las campañas de denigración, aquí somos trampolín accidental pero no mercado consumidor e inductor de la horrible muerte en vida que significa la farmacodependencia.

 

Tantos esfuerzos en política internacional para acercar países con geografía hermana, se pierden cuando algunos palurdos insensibles nos obligan a decir la verdad, en la cual el mercado del consumo es el que marca la responsabilidad.