February 13, 2009 admin 0Comment

(29 de junio de 1990)

 En todo el mundo siento una crisis de educación, y México no es una excepción.

La importancia de la educación en el proceso de desarrollo es prioritaria para el régimen actual; sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que hacemos, no logramos acelerar el paso a la velocidad que requiere la modernización, y ahora, por supuesto, la necesidad tecnológica que es urgente en la libre comercialización.

Meditando sobre ese tema y visitando algunas universidades en el extranjero, nos hemos dado cuenta de que el secreto está en la información, estructura que, puesta al acceso de las grandes mayorías educativas de la Nación, producirá, según nosotros, el factor potenciador para que la educación se incorpore a la modernidad y en esa forma logremos integrar los dos factores de la ecuación, para así terminar con la crisis.

Educación para la libertad que el hombre busca en su propia esencia natural. Educación para el desarrollo comercial, que requiere nueva tecnología y una mística científica que nos permita entrar a la competitividad.

También educación para entender la problemática social y generar así la solidaridad.

Para lograr los deseos anteriores, necesitamos compartir información moderna entre nosotros mismos. Es decir, entre todas las instituciones mexicanas; pero también compartir información con instituciones extranjeras, porque esto es indispensable, ya que la ciencia está descrita y la informática no tiene geografía.

Recientemente visitamos una universidad norteamericana de 14 mil alumnos, que tiene un millón de libros y que tiene acceso a 20 sistemas de información internacional.

Por supuesto que no estamos hablando de las grandes universidades de Estados Unidos, sino de una sencilla pero muy buena universidad localizada en el norte de Arizona.

Esta universidad, además, cuenta con un sistema de microondas y de satélite que le permite comunicarse con sus otros hermanos universitarios y aprender y enseñar compartiendo la información escrita y electrónica.

En Monterrey tenemos muchas universidades, y yo creo que es un buen momento para crear un consejo de información interuniversitaria que nos permita compartir lo poco que tenemos y hacerlo bajo la tesis de que lo público y privado se convierte todo en público cuando hay servicio popular y cuando no hay interés primordial en ganar dinero.

Actualmente, en Nuevo León estamos en una fase de hacer grande nuestra identidad, porque los cambios importantes de México en muchos aspectos siempre han empezado aquí, y esto no es nuevo, es bien conocido nacionalmente.

Urge, entonces, que nuestras universidades se pongan de acuerdo y que los llamados sectores privado y público creen un centro de información compartida de excelencia. Sólo así, en todos los aspectos, podremos entrar a la modernidad.