February 12, 2009 admin 0Comment

(27 de agosto de 1990)

Lo recuerdo como si fuera el día de ayer, y sucedió en 1961. Me entrevistaba yo con don Rodrigo Gómez para solicitarle una beca del Banco de México, con el fin de complementar mis estudios con un posgrado en el extranjero.

Una enorme oficina, con todo el aspecto de esa arquitectura de principios de siglo; un escritorio de fina madera labrado a mano y una limpieza que hacía reflejar el mármol como ejemplo de una personalidad sobria y fuerte.

Después de pasar el difícil filtro de los colaboradores para obtener una beca, don Rodrigo usualmente pedía entrevistar al becario y acompañaba las reuniones de una buena dosis de consejos para los jóvenes que, como yo, en aquella época emigrábamos al exterior para completar una formación profesional.

El sábado pasado se le brindó un homenaje en su tierra natal, y durante el mismo se recordó su capacidad de haber sido artífice de una política económica que generó un desarrollo estabilizador con crecimiento económico y con un control muy estricto de la inflación. Ahí estuvo otro gran financiero, que es el licenciado Ortiz Mena, cuya trayectoria en beneficio del país es conocida y valiosa. Así lo fue también la de don Rodrigo Gómez, neoleonés que, como muchos otros, ha servido al país.

Durante mi entrevista con don Rodrigo Gómez, me trató como paisano; recordaba a mi familia en Monterrey, sobre todo a mi madre, a quien había conocido y de la que él guardaba un recuerdo que hizo entretener la conversación durante casi una hora. En ella sus consejos fueron desprovistos de toda ortodoxia, y más bien diría yo que con el tono de maestro-alumno. Don Rodrigo insistió siempre en que lo que aprendiéramos en el exterior lo hiciéramos pensando en su posible aplicación en nuestro país.

Vaya por todo esto un cariño y un recuerdo a un hombre que dejó huella y cuya autenticidad es un ejemplo nacional que deberíamos recordar más frecuentemente.