February 13, 2009 admin 0Comment

(22 de agosto de 1990)

Un maestro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, ha demostrado, sin lugar a dudas, que la presión arterial elevada se reduce con la meditación trascendental.

Esto, por supuesto, con un método científico, al margen de toda duda circunstancial.

La forma tan acelerada de vivir a que nos obliga la sociedad contemporánea da lugar a un estado de estrés permanente; es decir, a un estado de alerta biológico que genera fatiga emocional, el cual es más común en los que desempeñamos trabajos intelectuales o de servicio público, porque en ellos existe un enorme grado de inestabilidad e incertidumbre.

El estrés o presión del ambiente es uno de los factores que más comúnmente producen depresión, enfermedad cada vez más frecuente en la época actual, que se caracteriza por:

Perdida del interés, ausencia de motivación y una tendencia autodestructiva que puede resultar peligrosa, si no se trata en forma inmediata y de manera adecuada.

En estos tiempos, la velocidad es la regla, y el condicionamiento a resolver los problemas en forma aguda ha propiciado que los seres humanos olvidemos la importancia de la reflexión, la meditación y las gimnasias mentales que fomentan la autoestima, pues al sentirnos importantes y valiosos, recuperamos la visión objetiva del presente y del futuro individual y social.

La meditación trascendental, que para muchas personas parece una leyenda de “espíritus raros”, es una buena fórmula para entendernos a nosotros mismos y soportar el estrés y las dependencias, haciendo frente a la vida moderna en plenitud de nuestras facultades, y no como a veces sucede, con limitaciones biológicas, físicas o intelectuales. Un buen consejo de los expertos en este tema es meditar 15 minutos al día sobre lo que somos, a dónde vamos, lo importante y lo que no lo es, porque a veces las preocupaciones son intrascendentes y nuestra angustia existencial es por pequeños problemas y no por grandes soluciones, como debería ser.