February 12, 2009 admin 0Comment

(10 de septiembre de 1990)

 

Llego tarde a la discusión, pero más vale tarde que nunca. Después de enterarme de que los lugares de “recreación” nocturna ganaron su apertura hasta la tres de la mañana, no pude más que recordar aquella frase del Quijote que dice : “Y llegaron los sarracenos y nos molieron a palos, porque Dios premia a los buenos sólo cuando son más que los malos”.

En el tema a comentar, parece que los malos fueron más que los buenos, y la democracia se impuso cuando todo el mundo se resignó a dejar abiertos los establecimientos “filantrópicos”, que si bien son parte de una realidad social, no son muy aconsejables para nuestros jóvenes hijos que los frecuentan.

Este tema, como muchos otros, no puede ser abordado solamente con prohibición, sino con inteligencia, recordando que la angustia existencial de los jóvenes, su poder de imitación para con los adultos y el carcelero lento, pero seguro, del alcohol, son parte de una sociedad que en su búsqueda por la felicidad encuentra lo contrario y prefiere la anestesia al enfrentamiento con su realidad.

Yo creo, y ésa es mi experiencia de muchos años de tratar con jóvenes, que el único antídoto para las desveladas alcohólicas son el deporte y la religión. Esta última, muy familiar y muy personal, pero la primera obligación moral y práctica de los gobiernos federal, estatales y municipales.

Si en lugar de lamentarnos por la llegada de los sarracenos que nos molieron con sus argumentos de libertad, abriéramos los lugares deportivos hasta las tres de la mañana, e instaláramos nuevos centros de deporte enfrente de los lugares frívolos, atrayendo a los jóvenes a reuniones y competencias en donde existiera la labor de equipo, estímulos comunitarios, premios y medallas a los mejores, quizás pudiéramos lograr competir y ganarles a los lugares que son parte de esta discusión que una comunidad sana como la de Nuevo León no debe soslayar nunca.

Las virtudes del deporte no requieren reiterarse, porque todo mundo las conoce, pero lo que sí debe fortalecerse son los espacios para llevar a cabo actividades deportivas en la noche, lo cual podría lograrse si cada uno de los centros nocturnos pagara un impuesto especial para el fomento del deporte o tuviera como obligación crear una unidad deportiva para obtener el permiso correspondiente. En esa forma podríamos competir parejos y, quizás, algún día les devolveríamos la paliza a los sarracenos.

Yo estoy consciente de la libertad de los jóvenes para escoger su propia vida; tengo hijos de todas las edades y no me comporto como un padre dictador; pero sí estoy consciente, y es mi obligación manifestarlo, que las desveladas y las noches de ronda, como dijo Agustín Lara, pasan muy tristes y dejan malas huellas en lo más bello que tiene una comunidad, que es su juventud y su familia. No se trata de ser puritano u oscurantista, pero basta estudiar otras sociedades de desvelados para observar el enorme número de farmacodependientes, suicidios, divorcios y soledad familiar, patologías que tenemos obligación de evitar.