February 13, 2009 admin 0Comment

 (15 de junio de 1990)

El desarrollo del campo es tan reiterativo, que me apena escribir, sin proponer soluciones, de lo que junto con la educación es uno de los problemas más serios de nuestro país.

Sin embargo, después de la presentación del programa de modernización del campo, vale la pena comentar que existen cosas distintas a los discursos convencionales de los últimos años, pues establecer condiciones propicias para la inversión privada, nacional y extranjera, que estimulen al campo es algo nuevo.Resulta que este tema fue tratado originalmente por un regiomontano excepcional, Alberto Santos de Hoyos, quien con toda audacia, celebró convenios con los campesinos, dándoles ventajas de propiedad a ellos, pero estimulando la inversión y la producción colectiva de beneficio público; es decir, para todos.

Me causa alegría que en el nuevo tratamiento del campo mexicano se conciban las fórmulas de eficiencia y de realismo que preconiza el presidente de México, olvidando los viejos símbolos y las mitologías, que si siguen vigentes, nos colocarán en el mundo de la fantasía pero sin productividad real.

Creo que el campo requiere una revolución total que conserve el respeto al campesino y a su derecho a ser libre y a producir, así como a crear una familia digna con bienestar social completo.

Una vez acotado este punto, el resto es campo fértil para la imaginación creativa, la colectivización, la inversión mixta, pero sobre todo, por favor, para producir alimentos e investigar con ciencia, utilizando las escuelas de agricultura, tan mal aprovechadas hasta ahora, a fin de que no se echen a perder los alimentos, que actualmente se descomponen en un 30 por ciento, y que con esta fórmula unitaria evitemos la importación de los mismos.

En una simplificación quizás extraña para los expertos, podríamos decir que un país que tiene educación elemental y superior de alta calidad y desarrollo agropecuario que lo haga autosuficiente, es un país fuerte, al margen de los vaivenes económicos, producto de la comercialización internacional.

Dicho en otros términos, si tenemos un desarrollo agropecuario y un desarrollo educativo moderno, lo demás, simplemente, como dice el “gran libro”, vendrá por añadidura. Por eso me da gusto que se inquiete al campo y se hagan cosas, no sólo se digan, porque el régimen actual es hacedor, no nada más locutor, y si no, allí están las pruebas.