February 12, 2009 admin 0Comment

(18 de octubre de 2000)

“Durante este siglo, los que tengan acceso a la información serán los que dominen; los que no tengan acceso serán los dominados”.

Jacques Delors

 Actualmente, se celebra en la ciudad de Monterrey la reunión de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) que reúne a casi todos los rectores del país y que cuenta con una larga historia de trabajo y de dependencia del Ejecutivo Federal, por razones de los vínculos presupuestales, tanto de la propia asociación como de las universidades. Sin embargo, conserva cierta independencia de opinión.

En estos días, el tema fundamental de discusión ha sido el de la aplicación del concepto de Universidad Virtual como elemento que ayude a solucionar los grandes crecimientos de la demanda, la disminución de la calidad promedio de la enseñanza y los trágicos índices de desempleo profesional, sobre todo de los egresados de las universidades públicas.

Al mismo tiempo, se ha incluido en forma pública la discusión de la relación entre el tamaño de una universidad y la eficiencia adecuada de la administración de las instituciones que son el alma espiritual de una nación.

¿Qué es lo virtual? En materia educativa, este término nació en 1989 en la Subsecretaría de Educación Superior e Investigación Científica, iniciándose un programa interuniversitario que posteriormente fue cancelado por la tendencia de nuestro sistema burocrático de hacer desaparecer proyectos de las autoridades anteriores, y fue un reflejo de las corrientes mundiales para mover a la universidad de las aulas hacia los sectores productivo y social, así como para aprovechar los nuevos sistemas tecnológicos de informática y teleproceso en beneficio de la educación integral.

El término no es simple, pero representa la recreación funcional de la esencia de un sistema educativo mediante el uso estratégico de tecnología informática y de telecomunicaciones, incluyendo en ellas modelos innovadores relacionados con este proceso.

Esto permitirá, como ha sucedido en otros países, aprovechar, por ejemplo, los millones de usuarios de Internet que sólo para América Latina se calculan en 45, así como integrar todos los sistemas interactivos, multimedios, discos ópticos, videocasetes e inclusive la experiencia con radiotransmisión rural, como estrategias para resolver los problemas de crecimiento en la demanda y de disminución de la calidad de la enseñanza en el sistema educativo nacional.

La Educación Virtual vence las barreras del tiempo y del espacio; permite el auto aprendizaje y la interacción. No trata de crear un determinismo tecnológico, como mucha gente piensa, sino de generar ventajas para, a través del maestro, potenciar y ayudar al sistema educativo. Tampoco debe romper la relación binomial maestro-alumno, pues, cuando esto sucede, la experiencia mundial es que el sistema fracasa.

La mayor experiencia existente es la del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) que, en sus 26 campus y un mil 400 sedes en toda América Latina, ha atendido a 52 mil estudiantes de pregrado y más de 5 mil 400 de posgrado, y la del Centro de Discos Ópticos de la Universidad de Colima.

Hay muchas otras universidades que están en ese camino histórico, pues tienen urgencia de encontrar soluciones a sus problemas, que incluyen la demanda, los raquíticos presupuestos otorgados por el Gobierno Federal (en el presente sexenio el porcentaje del presupuesto destinado a las universidades fue el más bajo en los últimos 20 años, y el presupuesto educativo nunca subió por encima del 5 por ciento del PIB). Esto al margen de los discursos que señalaban la importancia y prioridad de la educación.

Es innegable, y así lo demuestran las experiencias en otros países, que las macrouniversidades no pueden seguir creciendo, pues aunque los representantes de la UNAM digan que sí, es evidente que esta macrocefalia produce burocracia, centralización y, por supuesto, poder político, que es el que las actuales autoridades quieren conservar a toda costa, y por eso se oponen a la división administrativa a un sistema básico de 12 años.

En apoyo de lo anterior, basta señalar la eficiencia tan pobre de la Universidad Nacional en su labor profesionalizante, y ratificamos, como ejemplo, la experiencia de la Universidad de París o la Universidad de California, que dividieron sus campus.

Sobre estas bases hay que utilizar los sistemas virtuales para darle al maestro instrumentos de comunicación con sus alumnos. No se trata de poner una computadora en un salón y que los alumnos pongan también las suyas y se vayan a pasear; se trata de crear un “Centro Nacional de Educación Virtual” tanto para la formación básica como -y fundamentalmente- para la educación superior.

En dicho Centro deberán participar los expertos y educadores, formando “La Alianza de la Inteligencia”, no solamente los amigos del régimen en turno, por lo que será necesaria la coordinación de actividades, el aprovechamiento de los cerebros que existen en nuestra nación, al integrarlos, y la conservación clara de la autonomía, como libertad de cátedra e investigación, ajena a los vaivenes del sector público, haciendo a un lado la política del poder.

Esto está acorde con la tesis que he propuesto de simplificar la Secretaría de Educación Pública, dejándole solamente las áreas de planeación, normatividad, innovación tecnológica educativa, supervisión y evaluación, y descentralizando el resto de sus funciones sustantivas.

Soy un convencido de que los nuevos sistemas de tecnología de la información y de la comunicación deben aplicarse en la educación como estrategias, no como objetivos finales; pero no basta con buenos deseos, hay que aportar los presupuestos adecuados y no echar a andar un programa y comprar equipo y tecnología en forma desordenada.

Si no hacemos una planeación conjunta en una nueva ANUIES, totalmente independiente del gobierno, para evitar las presiones de las circunstancias del poder, corremos el riesgo de encontrarnos en el futuro “en un cuarto oscuro, buscando un sombrero negro que no existe” (Chesterton).