April 7, 2020 Rodrigo Soto 0Comment

Uno de los pioneros en arte dramático en NL

En los años cincuenta del siglo pasado, Nuevo León era un estado con gran capacidad emprendedora y se iniciaba un acervo educativo excepcional, pero había mucha anemia y poco interés en la cultura y como nuestro estado, desde el punto de vista histórico, es muy pobre, antes del siglo XIX solo podemos recordar a muy pocos, como Fray Servando y después de ese siglo a Gonzalitos y Alfonso Reyes, quienes nos dieron autoestima.

En el caso del arte dramático, Luis Martín, Rubén González Garza, Julián Guajardo, Delia Garda, Sergio García, Mirna Cora Leos, Hernán Galindo, Ema Mirthala Cantú y otros, iniciaron el ingreso del teatro a nuestro entorno. Todo, bajo el impulso del boom cultural que inició don Raúl Rangel Frías en todos los temas.

En la actualidad, la universidad y el gobierno han hecho una especie de homenaje para Luis Martín, actor, escritor, dramaturgo, director de obras de teatro clásico y un gran luchador contra la corriente mercantilista que había olvidado el valor del drama público.

Yo conozco a Luis Martín desde hace muchos años y lo he visto como actor, y sobre todo como director. Además, cuando fui secretario de Educación, él le dio un gran valor al Instituto de la Cultura que fundamos en esa época, precursor de Conarte y que dirigía don Raúl Rangel Frías; por supuesto que merece nuestro reconocimiento y admiración.

Luis Martín es un hombre tenaz, trabajador y ahora ya está bajo los amagos y los achaques de la edad, pero sigue activo y vital, y todavía recoge los vientos de grandes obras griegas, inglesas y hasta argelinas, como las de Camus, que para la sociedad moderna son totalmente desconocidas, pues tanto los millennials, como los jóvenes de plástico, han olvidado que el teatro vivo es mucho más impactante y profundo que el cine, produciendo en el espectador vivencias emocionales que impregnan sus áreas de la sensibilidad y que son el contrapeso del mercantilismo y del pragmatismo a que nos ha conducido la globalización.

Por todas estas razones y muchas más que podían enunciar quienes han conocido a este personaje, Nuevo León lo reconoce y lo debe recordar como alguien que modificó su entorno en aras de la belleza del arte dramático que él representa.

Descartes: Pienso, luego existo… Honor a quien honor merece. Luis Martín dejó una huella.

https://www.milenio.com/opinion/luis-eugenio-todd/ciencia-politica/homenaje-a-luis-martin