November 14, 2018 Rodrigo Soto 0Comment

Tengo mis dudas, sobre todo la del poder.

Luis Eugenio Todd

Desde que Aristóteles describió el concepto de política, esa fórmula de gobernar ha variado considerablemente, pues en la época tribal había un jefe que mandaba, en el Renacimiento  había grandes propietarios de tierras, que detentaban el poder, y luego  a Maquiavelo se le ocurrió el concepto de República. Posteriormente los franceses hicieron la revolución y reconocieron los derechos humanos, los ingleses el parlamentarismo y los norteamericanos la democracia, en todas sus variantes, que ahora parece haberles fracasado.

Siempre he pensado que como Aristóteles dijo que había que organizarse para servir, ese término político significa servir a la ciudad, pues en esa forma unos a otros se pueden  potenciar en sus cualidades positivas, mismas que describió Thomas More en su famoso libro La Utopía, en donde el ideal es una fórmula de dar, amar, entregar y coordinar esfuerzos para beneficio comunitario.

De lo que Aristóteles soñó no ha quedado mucho, porque la política se ha convertido, sobre todo en algunas partes del mundo, como en México, en el quehacer del poder para obtener provecho para sí mismo, ganar recursos y controlar la voluntad de los demás, y no para servir, dar y comprender.

Este año 2018 habrá elecciones en México y con ellas otra vez, toda una parafernalia de política dedicada fundamentalmente a organizarse con el fin de obtener beneficios que van desde la idealización hecha mentira, que predican gentes como Anaya o la continuidad que preconizan personas como Meade o el sueño de una actividad social de interés colectivo, que es el discurso fundamental de López Obrador. Habrá también otras fórmulas intermedias, pero no se nota un cambio o un giro radical en la cultura de la política y en la educación política para el servicio público.

DESCARTES: Pienso, luego existo…Ojalá la política fuera el ideal que soñó Aristóteles.

 

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