February 5, 2023
La emoción en el poder

La emoción en el poder

Una autoridad no tiene derecho a tener rencores

Ayer estuve observando el aniversario de nuestra Constitución, que se promulgó el 5 de febrero de 1917 y observé que en el evento en donde participaba el Presidente, el máximo representante del país, y el presidente del Instituto Nacional Electoral, no se saludaron, porque hay una seria diferencia entre ambos sobre el manejo del INE.

Yo siempre he pensado que una vez que uno tiene un puesto público, donde ejerce el poder, debe olvidar rencores, resentimientos, conflictos antiguos y tener una emoción controlada, para que su autoridad sea un símbolo de beneficio para el ejercicio de su función y en muchas de mis actividades en el sector público he conocido personas que simplemente señalan que, cuando tienes un puesto importante, no tienes derecho a tener enemigos.

Nuestra Constitución ha tenido múltiples cambios a lo largo de su historia y algunos han sido buenos, otros no ha sido posible ejercerlos y seguramente hay errores de juicio en algunos de sus artículos. Pero en la Carta Magna se observa una tendencia a la justicia social y a tomar decisiones basadas en la razón, para no alterar, con un juicio personal, lo que beneficia o perjudica a toda la nación.

Señalo lo anterior porque no entiendo por qué el Presidente, que tiene derechos y obligaciones como todo mexicano, usa su gran capacidad de comunicación para producir diferencias, enseñar enojos y, a veces, hasta usar el verbo para insultar.

El caso del INE es un ejemplo de algo que ha sido útil para que las elecciones en nuestro país sean justas y se termine con la hegemonía de un solo partido, y se actúe bajo la dialéctica; o sea, ser capaz de discutir y tener diferencias sin incluir en ellas las emociones negativas. Porque en síntesis, yo creo que un funcionario público no tiene derecho a tener rencores y menos a llevar a cabo su ejercicio con frases insultantes, porque todo eso no es en beneficio del país, que es la obligación primaria de un personaje que ocupa un puesto público.

Descartes: Pienso, luego existo… Valgan estas digresiones para hacer meditar a los que ocupan puestos públicos, de que no tienen derecho a tener emociones negativas. Que las dejen en su casa.

https://www.milenio.com/opinion/luis-eugenio-todd/ciencia-politica/la-emocion-en-el-poder