February 16, 2011 admin 0Comment

01 de Febrero de 2011

“Las leyes de transparencia no te hacen más honesto, sino más listo”

Conversé hace algunos años con el embajador de Finlandia, y le pregunté cuál era la fórmula de su país para ser el menos corrupto del mundo. Él me contestó: “Las leyes no son útiles en ese tema, porque sólo generan mayor creatividad para violarlas”.

Yo le repliqué: “¿Qué es lo que debemos hacer?”, y el replicó: “Generar una autoestima y orgullo por la responsabilidad de ser funcionario público; en nuestro país, dijo, a los funcionarios públicos de reciente ingreso les impartimos un curso todos los sábados durante 18 meses, en el que les enseñamos y compartimos experiencias”. El suscrito sintetiza:

  1. Orgullo y prestancia de su importancia en la comunidad.
  2. Reconocimiento a la necesidad de crecer en su desarrollo humano, a través de métodos de análisis racional de su personalidad, virtudes y defectos y prevención y tratamiento de los últimos.
  3. Conciencia crítica sobre los factores de la corrupción, análisis de los mismos y comprensión sin tolerancia, así como difusión en la comunidad de los actos para producir una vergüenza cívica.
  4. Transparencia y rendición de cuentas, pero como algo administrativo y no fundamental.
  5. Reuniones de terapia grupal privadas y con un alto grado de secrecía para compartir tentaciones, hechos y circunstancias y así, evitar los señuelos de los organismos privados para obtener ventajas del gobierno.
  6. Entrega de premios y reconocimientos a los que avancen en su curso preliminar e incremento salarial progresivo individual, de acuerdo a la evaluación de resultados.

Como pueden observar, estas son verdaderas soluciones al tremendo problema de nuestro México, calificado como uno de los países más corruptos del mundo, en donde los intereses privados, la inseguridad del servicio público, la falta de salarios adecuados y la ausencia de dignificación del puesto generan:
Un país con impunidad, inseguridad, mala aplicación de las leyes, enriquecimiento ilegítimo desorbitado y una actitud que ya se ha hecho una cultura normal para, como decían los jóvenes de 1968, reconocer, desgraciadamente, que en nuestro país: “el que no tranza, no avanza”.

Luis Eugenio Todd