January 26, 2009 admin 0Comment

Hace algunos días partió Eugenio a su encuentro con la inmortalidad. Los frutos de su vida están presentes y visibles en el universo del emprendedor, pero también en el entorno social que, con su personalidad prudente, mesurada y de recatado verbo, logró trascender en diversos ámbitos de la vida pública de nuestra sociedad.

Su trabajo fue difícil, complejo y arduo, pues tuvo que luchar, sin querer, con el recuerdo imborrable de su padre, don Eugenio Garza Sada, prohombre trascendente de la empresa nacional e icono imperecedero del sector privado, pero con visión social. Basta señalar, como ejemplo de lo último, la creación del ITESM y del programa social para los trabajadores que impulsó en sus empresas, pionero en el siglo XX en América Latina.

LEGADO A GARZA LAGÜERA
Recoger la estafeta de este personaje, continuarla y mejorarla fue la misión legada a Eugenio Garza Lagüera, a quien conocí en variadas circunstancias, algunas de las cuales quiero describir para ejemplificar su personalidad y rendir justo homenaje a sus profundos valores humanistas, que, para el que suscribe, son mucho más transcendentes que los financieros.

Aunque fui contemporáneo en mi infancia de sus hermanos menores, el primer recuerdo que tengo de él fue en nuestro encuentro, pocos días después del asesinato de su padre y cuando estaba yo iniciando una rectoría difícil en una Universidad llena de contradicciones, desorden, violencia y en la que algunos malos ex estudiantes de la misma habían sido los responsables del acto criminal que segó la vida creativa de don Eugenio.

Gracias a su apoyo inmediato para conmigo y la Universidad, se logró borrar el divorcio que existía en el mercado laboral con los egresados de nuestra máxima Casa de Estudios, y se suavizó la crítica a los problemas de nuestra Alma Máter. Todo esto permitió que, con la Universidad, Bernardo Garza Sada y Alberto Santos se convirtieran en el mecanismo de diálogo entre un gobierno estatal y el sector empresarial. Esta actitud de Eugenio me enseñó su cualidad: LA GRANDEZA.

Otra circunstancia que me tocó vivir con él, fue cuando perdió a una de sus hijas, bella joven, dramáticamente muerta en un accidente. En esa ocasión, había hecho yo una cita con antelación para hablar con Eugenio, y cuando me conmoví por la tragedia y le hablé por teléfono para darle el pésame y cancelar el encuentro que era al día siguiente del accidente, él me replicó: “No, Luis, no se cancela nuestra reunión, porque el trabajo y la vida deben continuar”. Esto me mostró otra virtud de su carácter: LA FORTALEZA.

También asoma a mis recuerdos una cita que me solicitó Eugenio, durante la campaña a la gubernatura de Sócrates Rizzo, a quien, habiendo estado involucrado en los movimientos estudiantiles de los años 68 y 70, se le achacaba que había participado en la organización del secuestro de don Eugenio. Él me preguntó, sabedor de que yo tenía información confidencial por mi relación con el grupo jesuita, si Sócrates había participado en la muerte de su padre, a lo que le contesté que no existía prueba documental alguna que involucrara al entonces aspirante a gobernador con ese hecho. Entonces él me dijo: “al margen de todo, creo que hay que apoyar al gobernador para que cumpla sus funciones”. Todo esto me demostró su capacidad de PERDÓN y conciencia madura para no prejuzgar.

Culmino estas pinceladas de mis encuentros con Eugenio Garza Lagüera con una anécdota que muestra el sensible trato humano que le era común cuando me lo encontraba en un restaurante de San Pedro Garza García, al que él asistía con regularidad y en el cual siempre se paraba antes que yo para irnos a saludar a mi esposa y a mí. Cuando conversábamos, jamás exteriorizaba crítica alguna personal, y sólo comentaba la problemática nacional o internacional del momento. Cuando se le presionaba para que opinara de casos y personas, sólo sonreía con comprensiva piedad de los interlocutores que ansiaban una opinión crítica personal.

En síntesis, al hombre se le conoce por sus obras, y si uno voltea los ojos a ver sólo una de ellas, que es haber hecho del ITESM una universidad nacional y no sólo local, y haber insistido en que cumpla sus funciones de investigación y de proyección social, no sólo las profesionalizantes, verá cómo en esta obra se trasluce y ejemplifica su legado de vida. Por lo anterior, estoy seguro que cuando se encontró Eugenio con su padre en el infinito de lo metafísico, tiene que haberle dicho: “Vengo de un reino donde dejé una reina, mi esposa Eva, y te puedo decir: Papá, Misión Cumplida”.

Revista Ciencia Conocimiento Tecnología | Número 77, contraportada