April 1, 2017 Rodrigo Soto 0Comment

Administración pública de tercer mundo.

Luis Eugenio Todd

En la actualidad está llegando a su fin la discusión en el Congreso de la Unión para establecer nombramiento de fiscal y sistema anticorrupción, y en Nuevo León se presentó también un bellísimo proyecto de primer mundo, que debería ser ejemplo para Suiza, Bélgica y los países nórdicos; pero vivimos en México.

Me refiero a que conforme a la realidad, que es hermana de la verdad, nuestra administración pública adolece de muchas irregularidades y defectos, porque de todos es bien conocido que la distribución hacendaria es compleja, llega tarde y existen programas específicos aprobados por el Congreso, pero no ejercidos, y además, hay tomas de decisiones en las distribuciones presupuestales de los gobiernos, que se escapan de la planeación original conducente, y al final nos encontramos con que los buenos deseos de los planes nacionales o estatales de desarrollo quedan como una canasta de juegos mexicanos diversos, sin que se cumpla el objetivo original.

Por experiencia propia sé que muchas veces los presupuestos federales llegan a los estados hasta el mes de abril, lo que obliga a los funcionarios que tienen que ejercer esos recursos, a hacer malabares dentro de su estructura administrativa, desviando recursos para emergencias y generando una serie de irregularidades, porque los que ejercen esas autorizaciones tienen que enfrentarse con la realidad y no con los deseos originales de los planificadores.

Estas consideraciones explican por qué casi todas las áreas del gobierno federal y muchas de las estatales están sujetas a reclamos por parte de las contadurías de Hacienda, que en sus fantasías quieren hacer como que la administración debe estar sujeta a rígidos controles que están totalmente alejados de las funciones naturales de la administración pública.

Todo eso genera que paguen justos por pecadores y que los verdaderamente corruptos se diluyan en este universo de acusaciones. Ejemplos de lo anterior son la mayoría de los funcionarios del gobierno de Rodrigo Medina, entre los que hay muchos inocentes y algunos culpables pero, en el ánimo de venganza, revancha o apariencia de justicia, los procuradores anticorrupción se olvidan de verse en el espejo.