December 9, 2010 admin 0Comment

(23 de Noviembre de 2010)

“Hay viejos jóvenes y jóvenes viejos”. Refrán popular

Países tan importantes como Francia y España, han sufrido crisis políticas, y sus presidentes Sarkozy y Zapatero, pueden perder la reelección solo por aumentar 2 años los tiempos de la jubilación. En nuestro país el seguro social está, según su director Daniel Karam, en quiebra, por la causología anterior, y hasta nuestra Universidad tiene problemas para pagar a los jubilados, por la disminución relativa de su presupuesto desde la época del presidente Ernesto Zedillo.

La política y el estado, dice Tolstoi, hacen los cambios solo para conservar el poder y no para beneficio popular y se han olvidado del apoyo de la ciencia para resolver esta problemática social tan importante. Nosotros les presentamos una solución, sabedores de que no la van a tomar, porque no la comprenderán, pero cumpliendo nuestra obligación moral, ahí les va.

Está bien documentado que un estudio de imagen corporal total con TAC o resonancia magnética, agregado a un estudio funcional cardiovascular y al diagnóstico por descamación de las células de la piel, apoptosis (muerte genética celular programada) pueden permitirnos un pronóstico con un margen de error muy bajo, de las expectativas de vida. Lo anterior por supuesto, si la persona analizada no sufre un accidente automovilístico o la ira pasional de un marido ofendido.

Por lo anterior, es factible pronosticar la duración aproximada de vida, y en esa forma, jubilar prematuramente sólo a aquellos que los estudios enseñen algún tumor, lesión vascular, diabetes o una actividad celular genética acelerada. En esa forma, daríamos reposo y tiempo libre a quienes lo requieren exclusivamente.

Sin embargo, aquellos que no tienen este tipo de lesiones y quienes ya frisan en los 70 años, como el suscrito, pero que conservan emoción, creatividad, capacidad de trabajo y un futuro biológico sano, no tienen porque incorporarse al régimen natural de jubilación y pueden seguir siendo factores de progreso en la sociedad como la nuestra. Este concepto terminaría con la lucha

generacional, donde los jóvenes quieren desplazar a los viejos porque somos viejos, a pesar de que ellos no han demostrado todavía su competencia para ganarnos en la lucha productiva convencional.

Estas ideas son posibles y realizables y México tiene la tecnología y la buena medicina diagnóstica que lo anterior requiere, pero por supuesto, falta la voluntad política, esa que solo se dice en los discursos, pero no en las acciones.