February 10, 2009 admin 0Comment
(17 de septiembre de 2003)

Personajes e institución: los liga la historia de Nuevo León.

La Universidad de Pedro de Alba, o sea la universidad refundada, nació en 1933, año en el que el gobernador Francisco A. Cárdenas inició la construcción del llamado en aquel entonces Hospital Civil, que fue la continuación de la obra que dirigió el doctor José Eleuterio González al construir el hospital civil y una facultad de medicina en 1859. Nuestro hospital fue inaugurado oficialmente en septiembre de 1943 por el gobernador Bonifacio Salinas Leal, el último general de la Revolución.

Allí empezó la época “romántica y política” de nuestra institución, que culminó con el concepto de hospital universitario, preconizado por el doctor Ángel Martínez Villarreal, excelente cirujano y luchador social. De allí en adelante, podemos considerar las siguientes etapas:

Primera etapa, “cultural e intelectual” del hospital-escuela, en la que el maestro Raúl Rangel Frías integró el concepto social al universitario en 1952.

Segunda etapa, de “modernización”, en la que el doctor Méntor Tijerina departamentalizó las ciencias básicas y propició la investigación científica.

Tercera etapa, de “afirmación”, con el doctor Marco Antonio Ugartechea, quien continuó la visión del director anterior y aceptó posgraduados de la Fundación Kellog’s, siendo los primeros maestros de la clínica de tiempo completo el doctor Ricardo Rangel Guerra y el que esto escribe.

Cuarta etapa, de la “confusión ideológica”, pues los jóvenes utilizaron la universidad para convertirse en participes del movimiento de 1968. En ese tiempo, el gobernador Eduardo A. Elizondo, el rector Héctor Fernández y el director de Medicina, doctor Sergio Martínez, sufrieron las consecuencias del proceso, mismo que culminó con la renuncia del gobernador, convirtiéndose el hospital en un campo de batalla.

Quinta. Otra de las etapas que vale la pena considerar es la de la “Renovación académica y la feudalización departamental”, iniciada por el doctor Alfredo Piñeyro, con la participación transitoria en la misma, del doctor Zacarías Villarreal. Previamente, el doctor Fernando Ovalle y el doctor José Mario Gutiérrez habían hecho una excelente labor académica. Todo eso fue posible por la estabilidad de la universidad, iniciada durante mi gestión como rector.

Sexta. Esta etapa es la que estamos viviendo en la actualidad, y es la de “la creatividad”, que dirige con gran acierto y entusiasmo el doctor Jesús Áncer Rodríguez, y en la cual se ha logrado consolidar el sueño que muchos tuvimos y no logramos realizar; o sea, el de profesores de tiempo completo geográfico, que se pasan la mayor parte del día en el hospital o en las áreas aledañas de la institución, lo que ha permitido que el Hospital Universitario tenga el más alto nivel de profesores con posgrado que cualquier hospital general del país y ha propiciado además investigación científica, alta excelencia académica y una gran vinculación con la comunidad, por lo que nuestra institución debe ser el corazón de la Ciudad de la Salud que planea llevar a cabo el gobernador electo.

Creo que el Hospital Universitario vive su mejor momento en mi recuerdo histórico y en la presencia permanente de la que he sido testigo y partícipe, y está listo para concertar vinculación con la comunidad y lograr una impregnación asistencial de servicio, pero adaptada a las circunstancias presentes en las que se requiere alta tecnología. Sólo le falta el apoyo económico y solidario de todos los habitantes del estado para completar la gran obra que sus actuales autoridades tienen planeada.

Mis felicitaciones de nuevo a la Universidad y en particular a mi Hospital, en el que he pasado los mejores años de mi vida médica y profesional.