February 10, 2009 admin 0Comment

(26 de agosto de 2003)

Es inútil juzgar lo que pasa… o lo que “creemos” que pasa

En un lejano lugar vivía un sabio ranchero con su hijo y un caballo que les servía para las labores del campo. Un día el caballo desapareció. Los habitantes del pueblo, vecinos del ranchero, lamentaron el acontecimiento. “Qué mala suerte tienes”, afirmaron. “Te quedaste sin caballo y por lo tanto sin tu herramienta de trabajo”. “Pobre de ti”, le expresaron. El sabio ranchero guardó unos instantes de silencio, agradeció las muestras de preocupación y respondió: “¿Es bueno?, ¿es malo? Quién sabe”, y volvió en paz a su actividad. Sus vecinos le replicaron. “¿Cómo es posible que cuestiones si perder tu caballo es bueno o malo? Por supuesto que es algo malo”.

Varios días pasaron en los que el ranchero y su hijo se las ingeniaron para librar los inconvenientes del caso. Pero para sorpresa  de todos, pronto regresó el caballo, acompañado de otros 10 más en estado salvaje. Los habitantes del pueblo y vecinos del ranchero no lo podían creer “¡Qué buena suerte tienes!”, le dijeron “Regresó tu caballo y ahora tienes 11 animales para trabajar”. “Podrás crecer, ganar más y hasta heredarle a tu hijo”, afirmaron sus entusiastas vecinos. El sabio ranchero guardó unos instantes de silencio, agradeció las muestras de alegría y respondió: “¿Es bueno?, ¿es malo? Quién sabe”, y volvió en paz a su actividad. Los habitantes del pueblo le replicaron “¿Cómo es posible que cuestiones si recuperar tu caballo y tener ahora más sea bueno o malo? Por supuesto que es algo bueno”.

Varias semanas pasaron y en el proceso de domesticación de uno de los caballos, el hijo del ranchero resultó accidentado, con ambas piernas gravemente fracturadas por lo que tuvo que ser llevado al hospital. Los vecinos y amigos del ranchero lamentaron el hecho. “Qué mala suerte tienes, tu hijo en el hospital y tú sin ayuda ahora con las labores y tus caballos. Pobre de ti”, le expresaron. El sabio ranchero guardó unos instantes de silencio, después de agradecer las muestras de preocupación y dijo: “¿Es bueno?, ¿es malo? Quién sabe”, y volvió en paz a su actividad. Los habitantes del pueblo le replicaron “Cómo es posible que cuestiones si es bueno o malo que tu hijo se haya accidentado y te quedes sin ayuda? Por supuesto que es algo malo”.

Varios meses pasaron y aquel lejano lugar entró en guerra con el vecino país, por lo que todos los jóvenes del pueblo fueron enlistados en el ejército, menos el hijo del ranchero, por estar todavía incapacitado.

La guerra terminó y con ella la vida de todos los jóvenes reclutados. Con tristeza y envidia los vecinos y habitantes del pueblo dijeron al ranchero. “Qué buena suerte tienes, tu hijo se salvó de morir en la guerra gracias a su accidente con los caballos”. El sabio ranchero guardó unos momentos de silencio después de externar sus condolencias y dijo: “¿Es bueno?, ¿es malo? Quién sabe”…

Esta narración, aunque útil para cualquier aspecto de la vida, viene al caso como moraleja de lo difícil que es juzgar los recientes acontecimientos políticos del estado fuera de su contexto en tiempo presente. Algunas personas me han preguntado qué tan bueno o qué tan malo es que el PRI haya ganado con tanta ventaja las diferentes posiciones electorales en el estado. Comentarios van y vienen y la tela no se acaba de cortar. El PRI ganó hoy y el PAN perdió hoy. El futuro será momento a momento de quien mejor trabaje. Ahora bien, ¿es bueno?, ¿es malo? Quién sabe…