September 13, 2019 Rodrigo Soto 0Comment

Su lámpara iluminó a muy pocos

Por supuesto que la nueva generación no me va a entender, porque probablemente no sabe quién es Diógenes, pero si le preguntan a Mr. Google va a saber que ese famoso hombre, probo y pobre, buscaba en las calles de Atenas, con una lámpara, un hombre honesto.

Esta introducción tiene que ver con que ahora resulta que los candidatos a la Presidencia son deshonestos y el pobre Diógenes seguramente se “revuelve en su tumba”, al saber que el que presumía de honestidad inmaculada, el “niño bien” Anaya, también estuvo involucrado en una operación, donde compró un terrenito barato y lo vendió muy caro meses después, a una compañía a cargo del señor Barreiro, que ahora está enjuiciada por la PGR.

De él, que era un crítico de la corrupción, ahora también se dice que colaboró en la Cámara de Diputados con las famosas transas de años pasados, que hicieron algunos representantes populares; y que ha hecho mucho dinero, en poco tiempo y en forma difícil de justificar.

Al mismo tiempo, al hombre bueno de la sonrisa afable, que es el candidato del PRI, Meade, se le señala que en las posiciones importantes que tuvo en diferentes gobiernos, no se robó nada, pero dejó robar, por decirlo crudamente, volteando sus ojos hacia el horizonte, en lugar de a las partidas hacendarias o al desarrollo social, que él manejó.

Al otro candidato mayoritario, AMLO, no se le ha podido demostrar nada, porque viaja en aviones de línea, no tiene guaruras y tampoco presume de carros elegantes, blindados, y sus ingresos están bien justificados con los puestos que ha tenido; pero la raza se pregunta cómo le ha hecho para hacer campaña para la Presidencia, durante tantos años y de dónde ha obtenido el recurso. Ahí queda una suspicacia.

A otros candidatos, como nuestro gobernador con licencia, también se le acusa de que brincó los obstáculos que se le ponen a todos los independientes, por un burocrático INE, consiguiendo en forma misteriosa los millones de adeptos que se requieren para su participación. Y Margarita Zavala seguramente no es un ángel o un querubín que bajó del cielo y que en base a su digna presencia de dama fina, se peleó con su partido y se lanzó al ruedo.

DESCARTES: Pienso, luego existo… Hay que llamar a Diógenes para que nos ilumine.

https://www.milenio.com/opinion/luis-eugenio-todd/ciencia-politica/hay-que-regresar-a-diogenes-el-de-la-lampara

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