November 22, 2019 Rodrigo Soto 0Comment

Percibí una profunda tristeza

Yo tuve la oportunidad de conocer al senador Rafael Moreno Valle y a su esposa Martha Érika Alonso, gobernadora de Puebla, y supe a través de interpósitas personas que habían hecho una gran labor como pareja y gobernado con eficacia el bello estado de Puebla.

Su brusca y trágica defunción me hizo meditar sobre quehaceres que van más allá de la política; que se refieren a la presencia espiritual y existencial, así como a la creencia de un supremo hacedor que a veces, sin darnos cuenta, envía mensajes que tienen un rasgo histórico profundo, como fue el caso de sus evangelios.

Una pareja que estaba en el poder político y que iba a seguir en él, con éxito, por seis años más, bruscamente se encontró con la hendidura incomprensible de la inmortalidad de un infinito distinto al que nosotros conocemos y al cual le dedicamos nuestra vida cotidiana.

Este análisis me sacudió y me hizo reconocer que le dedicamos muy poco tiempo a pensar y sobre todo a sentir, con el corazón emocional, la profunda presencia de un Dios que, por encima de todo lo material, nos hace profundizar en la frase bíblica de Quo vadis, ¿a dónde vamos?, que ha estado comentada por filósofos, pensadores, sociólogos y profundos meditadores en distintas religiones; pues al margen de las diferencias en la liturgia o en las formas, tanto el cristianismo, que es muy ejemplar, como el islamismo, el budismo, las áreas protestantes derivadas de la rebeldía de Lutero, la filosofía de Confucio y muchas otras creencias religiosas existen para mover nuestras conciencias y voltear nuestros ojos hacia el más allá.

Un terrible ejemplo fue la muerte súbita de estos dos personajes que habían logrado, en lo material y en lo social, el cenit de la política del poder y que en un parpadeo del destino pierden su vida, generan dolor en aquéllos con los que vivieron y quienes en su interior los apreciaban y no solo en su simbología política externa.

Yo soy solidario de todos los que sientan algo en este momento y me retiro a la profundidad de un sentimiento que tengo y que, debo reconocer, es mucho más importante en su esencia que lo material.

Descartes: Pienso, luego existo… La tragedia del poder, a lo fatal, debe abrirnos los ojos a lo importante, que está en el espíritu.

https://www.milenio.com/opinion/luis-eugenio-todd/ciencia-politica/el-poder-y-la-fatalidad