April 8, 2020 Rodrigo Soto 0Comment

Cuando no hay salida, hay que abrir una.

Para mí continúa siendo inexplicable el actual lío del transporte público en nuestra ciudad. Por más que le busco y leo las iniciativas para mejorarlo y hacerlo más justo, simplemente no le entiendo, porque veo posiciones justas e injustas de los transportistas, correctas e incorrectas del gobierno estatal y del Congreso, y una opinión pública confusa, pues ve que las unidades cada vez se deterioran más, con lo que se hace más evidente su ineficiencia.

Parece ser que el costo-beneficio es la clave para una decisión y no la administración del sistema, sino la calidad basada en la eficiencia, y de ahí el costo del mismo, y la concentración a través de una tarjeta común no parece una mala idea, aunque tenga malos antecedentes.

Como esto es un laberinto y teóricamente debe tener salida, si no existe esa salida, el Congreso y el Ejecutivo estatal tienen que romper una y abrirla; pero no podemos seguir después de ocho meses viendo el show del fracaso.

Descartes: Pienso, luego existo… La buena fe desborda los obstáculos. Pero, ¿quién la tiene?

https://www.milenio.com/opinion/luis-eugenio-todd/ciencia-politica/el-laberinto-del-transporte