February 10, 2009 admin 0Comment

(25 de junio de 2007)

El Fórum Universal de las Culturas 2007 va a colocar a Monterrey como una ciudad cosmopolita. Sus grandes exposiciones y los diálogos, así como la gran obra de infraestructura, tienen la nobleza implícita de buscar un mundo mejor para nuestros hijos.

Además, el darles a la cultura y al conocimiento un lugar supremo, son valores de las grandes civilizaciones y de los países que trascienden su propia geografía y participan en los diálogos de alto nivel internacional.

Politizar frívolamente al Fórum o criticarlo por principio, sin profundizar en su visión integral, no tiene justificación alguna, porque al margen de la problemática administrativa o de la organización presupuestal, que sí deben estar en la discusión pública, lo que no se vale es hacer ingresar a este evento temas relacionados con el poder o discusiones ideológicas radicales, que son muy respetables, pero forman parte exclusivamente de las luchas intrascendentes por el poder económico.

Me refiero a que, darle vuelo a la idea de hacer un foro alterno, para invitar a Fidel Castro a Hugo Chávez a Evo Morales o a López Obrador, no tiene fundamento, porque esos temas no son tan importantes como la acrecentada y permanente fuerza cultural e intelectual que se genera con el arte, con la ciencia y con el conocimiento.

El Fórum está a la vuelta de la esquina, y todos los habitantes de este Estado que queremos a nuestro terruño, así como los mexicanos bien nacidos, debemos apoyar la sustancia y el concepto profundo que este evento cultural implica.

No estoy en desacuerdo con la dialéctica de la contradicción, porque es la base de la diversidad en la unidad que caracteriza lo universal; lo que sí creo imprudente es la actitud morbosa y sardónica de querer destruir algo muy valioso y espiritual en las luchas espurias de la política circunstancial, pues esta última es parte del ritual normal en el mundo contemporáneo, igual que lo es la participación democrática, y no debemos tenerle miedo, pero sí darle su lugar en la jerarquía de los valores, porque, como lo he mencionado hasta la saciedad:

Los temas trascendentes de la civilización son: la ciencia, que, al generar el conocimiento, transforma el medio ambiente y fortalece nuestras expectativas de una vida más plena, y el arte, que espiritualiza el quehacer profundo del sentimiento creativo que es innato sólo al homo sapiens.

La política del poder no produce cambios permanentes ni conceptos filosóficos profundos; es solamente la gerencia de la alteración de la vida cotidiana, y, por lo regular, la búsqueda del poder es una enfermedad, no una alta virtud del comportamiento ético del ser humano.